lunes, 7 de junio de 2010

Voy cortando con los dientes
la bolsa de tela que me
tapa las nubes.

¿En que pensás cuando me
decís buenas noches?

El algodón en la boca
creciendo como un árbol.

Los rombos de tela de pollera.

Para mí que sos de
pólvora.
Para mí que sabés que buenas noches
es más que dormir bien.

Abrazáme ahora y tapáme
el Aujerito de la espalda con el dedo
porque se me sale el alma.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Cuando trajeron las piedras de los
barcos vacíos, no estaba escrito.
poco a poco, siguiendo con rigor
el estatuto infinito,
un centenar de italianos brutos
ensamblaron, imbuidos en un conocimiento nulo,
la trama de los adoquines.

Enfilados como las fetas de pan
lactal en el piso, cada adoquín
tocando a otros forma
un lenguaje, una premonición
estas hojas, la piecita de colores, tus dedos,
tus portapies verdes,
la casa lejos.

Poco, también a poco, también
la calle se cubre de asfalto, y bien, se cubre
la trama con el caos de trama
estrellas de piedra, sobre un cielo de brea.

lunes, 26 de abril de 2010

un mar de olas
se me amontona en la garganta
y me da miedo.
nací por cesarea
no termino las
cosas, las frases
En otoño junto las hojas de los árboles
y armo un árbol de hojas
para regalárselo al otoño,
y a vos te veo juntando pelos de marto
para armar un marto de pelo
y reglalárselo a marto

lunes, 15 de marzo de 2010

cati

Catalina es una artesana que no tiene ni guita para comprarse los 16 puchos que fuma por día. Como es linda, consigue que se los regalen en la calle. Ella es artesana. Cuando puede, es decir, cuando puede esconderse, talla en las papas y batatas destinadas a hacer puré las figuras más hermosas. Lógicamente no puede hacerlo con las papas fritas, o las papas nueces, pero bueno, como dije, cuando tiene que hacer puré, le dedica unos minutos a cada papa, y en cada papa encuentra, como Miguel Ángel, o Da Vinchi, no me acuerdo, un David, o alguna otra imagen.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Un mujer se despierta sobre la cama. El colchón es blanco, la cama es blanca, la habitación es blanca, y todas las cosas que ve son blancas, menos su cuerpo desnudo que es color piel. Hay una puerta a cada lado de la cama. Una mesita de luz a los pies de la misma. La mujer baja. Nunca estuvo ahí y nunca sabrá como llegó.
Elige taparse con las sabanas para no tener que preocuparse por su desnudez.
Sale por la puerta que tiene más cerca.
Una cama igual, la mesa de luz, el color blanco. Atraviesa esa habitación, la puerta y otra habitación con la cama igual, la mesa igual, el color blanco.
Ya no sabe cuantas veces lo hizo ni si va hacia atrás o hacia delante.
En ningún cajón de las cientos de mesitas de luz hay comida. Tampoco agua.
La mujer se levanta de la cama. Ya no se cubre con las sabanas, su desnudez no la inquieta y prefiere morir en bolas.

La narradora de los hechos anteriores se despierta sobre su cama. El colchón es verde, la habitación es verde y todas las cosas que ve son verdes, menos su cuerpo desnudo que es blanco. Hay una puerta la izquierda y otra a la derecha de la cama y una mesita de luz delante de ella. Cree que está soñando atormentada por lo que escribió la noche anterior. Pasea su desnudez por los cuartos que son iguales entre sí y amargamente se da cuenta de que no es un sueño.
Indaga una solución: alterar el contenido de los cuartos llevando las cosas de unos a otros. Pero en vano. Solo su cuerpo y las sábanas traspasan el umbral del cuarto. Entonces llora. Ergo muere.

Yo me despierto sobre mi cama. El colchón es azul, la habitación azul y todo lo que veo es azul. Menos mi cuerpo desnudo que está quemado por el sol y blanco en el culo, en las tetas y los hombros.
Ahora veo las puertas; una en frente y otra detrás mío. En la mesa de luz hay un cuaderno y lo uso para escribir con tinta azul sobre hojas azules. El cuaderno no es el único, pero puedo pasar con él de un cuarto a otro.
La solución está en el cuaderno: yo me despierto en mi cama. El colchón es floreado, la sabana roja. Hay una luz, un celular, mi biblioteca. Voy hasta el baño, sepillo mis dientes. Desayuno. Todo es normal.

Todo sigue siendo azul. El cuaderno no sirve.
Un día llegué a abrir doscientas cuatro puertas otro, miles. Entiendo que debe haber una salida, una vez soñé con encontrar un minotauro.
Tengo tanta hambre.
Ya elegí, después de pensarlo mucho, mi último cuarto. Mi última habitación. Es azul, con una cama, una puerta a cada lado. Una mesa de luz azul. Acá voy a morir.

Una mujer se levanta con un libro en la mano. Su colchón es blanco…

viernes, 12 de febrero de 2010

Me pinché un dedo
cosiendo con la proa de un barco
los geranios ribeteados de espuma,
enmendando los jirones retorcidos del lecho.

Como el manto regalado en las bodas
a Tetis y a Peleo,
un trazo de bronce bordado
con un barco bordea la figura de un Teseo.
Teseo y Ariadna no se aman. Ariadna sí
pero a Teseo le chupa un huevo.
Es simple: A esperaba un X
T fue a hacer Y
A quiso que T fuera X
y Teseo usó a A para hacer Y,
y se fue, como quién sale de un supermercado.
Me siento en la vereda
y aunque no esté alterado
ni lleno de odio
me tomo el té de tilo
del cordón de la vereda
del agua de la lluvia.
Y miro el balcón
para ver si salís a buscar
la ropa que dejaste colgada
y que ahora se moja
sobre el agua de la lluvia
que no se olvida de
mojarte la ropa.