Nono, no estás cazando la idea,
tratá de manotearla al vuelo;
la lengua existe en uso
si nadie habla, no hay lengua.
Esto no es lengua en uso,
es tarea de escuela, es mentira.
Puta mentira, Martin.
Fijáte, vos hablás todo el tiempo
con el mundo, con el perro,
entonces sabés hablar, entonces sabés Lengua.
Y la lengua es saber y usar y saberla usar.
Cuando metés la guitarra en el estuche
lo que está guardado no sirve para nada,
es un mueble, un perchero con cuerdas guardado.
No suena una guitarra guardada.
Estas oraciones son eso,
Una guitarra guardada que no suena.
Analizálas.
Please don`t be long or I may be asleep
¿ves? Están coordinadas,
pero eso no nos dice nada.
Un predicado más un sujeto
más otro predicado, más otro sujeto.
Nada. La mismísima nada.
Pero vos entendés lo qué significa, ¿no?
Menos mal.
Estudiálo, pero es nada.
martes, 16 de noviembre de 2010
domingo, 14 de noviembre de 2010
sábado, 23 de octubre de 2010
Esta va a ser la única foto
que le saque a mi pieza verde y roja
que ya no va a ser mía, ni verde ni roja.
Un puñado de pasos la recorrían, no muchos más,
hecha de restos de otras piezas
y colchón de resortes.
Una caja para jugar a tener una casa,
Como la casa del árbol,
la casa bajo los tanques de lata
la casa bajo la lona de una pelopincho.
Ahí la conocí a Ana
Ahí conocí a Shakespeare
Ahí conocí una lata de golosinas
Vacía de golosinas, y lloré.
que le saque a mi pieza verde y roja
que ya no va a ser mía, ni verde ni roja.
Un puñado de pasos la recorrían, no muchos más,
hecha de restos de otras piezas
y colchón de resortes.
Una caja para jugar a tener una casa,
Como la casa del árbol,
la casa bajo los tanques de lata
la casa bajo la lona de una pelopincho.
Ahí la conocí a Ana
Ahí conocí a Shakespeare
Ahí conocí una lata de golosinas
Vacía de golosinas, y lloré.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Si camino descalzo
sobre un montón de chinches olorosas
y me lloras los ojos por el olor a ruda
pero no me salen ampollas en los dedos
como cuando camino sobre
un montón de chinches pinchudas,
es un día bueno, de sol. De humedad.
Me gusta pasar la escoba
por el piso de tu casa,
porque cuando voy barriendo
y escucho tus reproches
voy lavando tu cuerpo
de los pelos de la gata
y vas floreciendo
como los ciruelos.
Camino descalzo sobre
una laguna de pelusas
entre correntadas
de aire que me dejan encallado
entre frazadas grises y verdes.
sobre un montón de chinches olorosas
y me lloras los ojos por el olor a ruda
pero no me salen ampollas en los dedos
como cuando camino sobre
un montón de chinches pinchudas,
es un día bueno, de sol. De humedad.
Me gusta pasar la escoba
por el piso de tu casa,
porque cuando voy barriendo
y escucho tus reproches
voy lavando tu cuerpo
de los pelos de la gata
y vas floreciendo
como los ciruelos.
Camino descalzo sobre
una laguna de pelusas
entre correntadas
de aire que me dejan encallado
entre frazadas grises y verdes.
miércoles, 16 de junio de 2010
El río. (consigna del cuento de Alaska.)
Edelmiro maneja un peugeot 504 modelo ’92, pintado de taxi. Del taxi se baja un señor gordo, con los cachetes colorados y la pelada brillante, que no le dice ni gracias.
En el semáforo Edelmiro saca el pie del embrague y pone el freno de mano. Está cansado, con los huevos hartos.
Nunca mira el semáforo, no le gustan las luces. Escucha una vecina, y sin pensarlo, saca el freno, pisa el pedal, pone primera y sale.
En el escaña 1114 que viene a 80, bien puesto, maneja Marcos que pone sus ciento doce kilos sobre el pedal del freno y frena mientras recita de memoria una hermosa puteada que le enseñara su madre.
Edelmiro lo mira, como pidiendo perdón, y en esa mirada lo embiste por la izquierda un remisero.
Vio el auto, cerró los ojos, los abrió, vio el resorte de la amortiguación que venia hacia él.
Cuando despertó su mujer lo tenía en brazos, ambos lloraban.
Su mujer le besó la frente, lo llamó por su nombre, luego se subió la blusa y le ofreció un pecho para que se alimente, lloraba de hambre.
Mujer disco. (consigna. Campo semántica. Puerta, disco, mujer)
Una puerta cerrada, es una pared.
Cuando cierro esa puerta blanca
estoy en ningún lado, soy nada.
El exterior es todo
el Universo, porque adentro nada.
Pero la puerta es atravesable, la
puerta es una tabla en función de
puerta.
Entonces la abro, y soy todo el Universo.
Adentro y afuera suenan las cosas
el universo gira como un disco
de pasta, de plástico y aluminio,
como el plato del microondas
o los colores dentro de un calidoscopio
o un tubo de vendas.
Afuera hay una mujer que llama
desde dentro. Tiene la cara
filosa como la de una jirafa,
y me mira desde arriba,
porque es alta.
El cuello se le enrosca en las
amarras, y en espiral su risa
baja, como un tobogán hasta sus senos.
Consigna campo semantico (mano, agua, otros)
Sus manos grandes disipan la niebla. Grandes vendría a ser del tamaño de una ventana, manos muy grandes, manos que nunca cerraba, porque decía siempre que un puño no era una mano, lo mismo que una puerta cerrada no es una puerta, es una pared.
La niebla despejaba, la niebla de la orillita del río, sus manos que tanto habían transformado el mundo, la casa, la silla, la mesa. Caminaban por el río, disipaba la niebla, y caminaban. Ella con él, él con la niebla que disipaba.
El agua los tocaba, pero en forma de niebla, o la niebla en forma de agua no los tocaba. El río dormía como un lago meurto. Vivo en la niebla, un alma tiesa, como la del Tíber, con huesos de roca florecientes, como un jardín de primavera en Tucumán, alto.
El día seguía de color ocre. Como un negativo, se veían las siluetas deambular por el puente, como una foto sepia.
Sus manos disiparon la niebla, para que ella no tropiece con los huesos de piedra.
Una señal en el puente llegó hasta ambos.
-Nos vieron. Dijo ella.
Y las manos gigantes la asfixiaron en la niebla sepia.
Edelmiro maneja un peugeot 504 modelo ’92, pintado de taxi. Del taxi se baja un señor gordo, con los cachetes colorados y la pelada brillante, que no le dice ni gracias.
En el semáforo Edelmiro saca el pie del embrague y pone el freno de mano. Está cansado, con los huevos hartos.
Nunca mira el semáforo, no le gustan las luces. Escucha una vecina, y sin pensarlo, saca el freno, pisa el pedal, pone primera y sale.
En el escaña 1114 que viene a 80, bien puesto, maneja Marcos que pone sus ciento doce kilos sobre el pedal del freno y frena mientras recita de memoria una hermosa puteada que le enseñara su madre.
Edelmiro lo mira, como pidiendo perdón, y en esa mirada lo embiste por la izquierda un remisero.
Vio el auto, cerró los ojos, los abrió, vio el resorte de la amortiguación que venia hacia él.
Cuando despertó su mujer lo tenía en brazos, ambos lloraban.
Su mujer le besó la frente, lo llamó por su nombre, luego se subió la blusa y le ofreció un pecho para que se alimente, lloraba de hambre.
Mujer disco. (consigna. Campo semántica. Puerta, disco, mujer)
Una puerta cerrada, es una pared.
Cuando cierro esa puerta blanca
estoy en ningún lado, soy nada.
El exterior es todo
el Universo, porque adentro nada.
Pero la puerta es atravesable, la
puerta es una tabla en función de
puerta.
Entonces la abro, y soy todo el Universo.
Adentro y afuera suenan las cosas
el universo gira como un disco
de pasta, de plástico y aluminio,
como el plato del microondas
o los colores dentro de un calidoscopio
o un tubo de vendas.
Afuera hay una mujer que llama
desde dentro. Tiene la cara
filosa como la de una jirafa,
y me mira desde arriba,
porque es alta.
El cuello se le enrosca en las
amarras, y en espiral su risa
baja, como un tobogán hasta sus senos.
Consigna campo semantico (mano, agua, otros)
Sus manos grandes disipan la niebla. Grandes vendría a ser del tamaño de una ventana, manos muy grandes, manos que nunca cerraba, porque decía siempre que un puño no era una mano, lo mismo que una puerta cerrada no es una puerta, es una pared.
La niebla despejaba, la niebla de la orillita del río, sus manos que tanto habían transformado el mundo, la casa, la silla, la mesa. Caminaban por el río, disipaba la niebla, y caminaban. Ella con él, él con la niebla que disipaba.
El agua los tocaba, pero en forma de niebla, o la niebla en forma de agua no los tocaba. El río dormía como un lago meurto. Vivo en la niebla, un alma tiesa, como la del Tíber, con huesos de roca florecientes, como un jardín de primavera en Tucumán, alto.
El día seguía de color ocre. Como un negativo, se veían las siluetas deambular por el puente, como una foto sepia.
Sus manos disiparon la niebla, para que ella no tropiece con los huesos de piedra.
Una señal en el puente llegó hasta ambos.
-Nos vieron. Dijo ella.
Y las manos gigantes la asfixiaron en la niebla sepia.
lunes, 7 de junio de 2010
Voy cortando con los dientes
la bolsa de tela que me
tapa las nubes.
¿En que pensás cuando me
decís buenas noches?
El algodón en la boca
creciendo como un árbol.
Los rombos de tela de pollera.
Para mí que sos de
pólvora.
Para mí que sabés que buenas noches
es más que dormir bien.
Abrazáme ahora y tapáme
el Aujerito de la espalda con el dedo
porque se me sale el alma.
la bolsa de tela que me
tapa las nubes.
¿En que pensás cuando me
decís buenas noches?
El algodón en la boca
creciendo como un árbol.
Los rombos de tela de pollera.
Para mí que sos de
pólvora.
Para mí que sabés que buenas noches
es más que dormir bien.
Abrazáme ahora y tapáme
el Aujerito de la espalda con el dedo
porque se me sale el alma.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Cuando trajeron las piedras de los
barcos vacíos, no estaba escrito.
poco a poco, siguiendo con rigor
el estatuto infinito,
un centenar de italianos brutos
ensamblaron, imbuidos en un conocimiento nulo,
la trama de los adoquines.
Enfilados como las fetas de pan
lactal en el piso, cada adoquín
tocando a otros forma
un lenguaje, una premonición
estas hojas, la piecita de colores, tus dedos,
tus portapies verdes,
la casa lejos.
Poco, también a poco, también
la calle se cubre de asfalto, y bien, se cubre
la trama con el caos de trama
estrellas de piedra, sobre un cielo de brea.
barcos vacíos, no estaba escrito.
poco a poco, siguiendo con rigor
el estatuto infinito,
un centenar de italianos brutos
ensamblaron, imbuidos en un conocimiento nulo,
la trama de los adoquines.
Enfilados como las fetas de pan
lactal en el piso, cada adoquín
tocando a otros forma
un lenguaje, una premonición
estas hojas, la piecita de colores, tus dedos,
tus portapies verdes,
la casa lejos.
Poco, también a poco, también
la calle se cubre de asfalto, y bien, se cubre
la trama con el caos de trama
estrellas de piedra, sobre un cielo de brea.
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