sábado, 17 de octubre de 2009

Tenemos que vestir a la poesía con
pilcha de entre casa,
sin adornos, sin nada.
Un yoguin viejo, con las rodillas
gastadas, las alpargatas con medias,
un pulóver de cuando íbamos a la escuela.

Pero no con esa ropa deportista
que es más nueva y más cara que cualquier camisa.
Ropa vieja, ropa con manchas de lavandina
o de pintura, ropa con agujeros.
Y si se le ve el culo, que se vea,
todos ya la vimos desnuda.
Y si tiene manchas de polenta
que vengan los pájaros a comérsela.
Y si se escapa el dedo gordo de las medias
no le cortemos la uña, que sea.
Y si no la dejan leer en una conferencia,
no importa, es nuestra.

5 comentarios:

  1. que lindo marto. me gustó especialmente la parte de la polenta y los pájaros. y sí, las polleras de la abuela, los botones antiguos,las camisas de cuello blando. saludos! y felicitaciones a los hacedores del blog.

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  2. ups! pensé que este blog era del colectivo.. pero hasta ahora solo hay entradas tuyas.. hacedor entonces, en singular.

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  3. Es verdad, la poesía es nuestra.
    Es lo más nuestro que tenemos algunos seres humanos,lo más puro.
    Y es hermoso verla deambular simple,como siempre ha debido ser.
    Con esa espontaneidad que nos seduce, que nos recrea,
    esa magia con lo que muestra lo maravilloso, lo triste lo tremendo.
    Siempre mirándonos a los ojos.
    Enfrentando el fondo,viviendo en cada bocanada de aire su vida.
    Es tan lindo verla caminar tranquila, corriendo recuerdos,jugando con el silencio, la risa,nuestros seres... llenándolos de los colores de su ropa, de esa polenta comida más temprano, de ese tuco que ahora está preparando, de la vela derretida junto aquel libro que tuvo que abandonar por un ratito, para venir a abrirnos.

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