miércoles, 28 de octubre de 2009

Caminás por una vereda
en la que salpican, cuando las pisás,
todas las baldosas.
Y me tocás timbre
con el pantalón verde ensuciado
salpicado porque en esa vereda
está mi casa.
Yo te podo la ropa aguada
con mis dedos de tijera
para que al abrigo del fueguito

tomes té sentada, abriendo
los deditos del pie mientras
te beso la espalda.

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